lunes 23 de octubre de 2017 - Edición Nº399
La Isla Noticias » Deportes » 8 ago 2017

INFORME

"Jugando al rugby en el fin del mundo"

En la Unidad de Detención de Río Grande, un grupo de presos practica rugby bajo el nombre de Los Vikingos. A pesar de las bajas temperaturas, los reclusos entrenan dos veces por semana en el patio de la cárcel.


(Catalina Sarrabayrouse para El Equipo-DeporTEA). - Hace tres grados. El sol aún no ha salido por completo, pero el día de estos hombres arrancó hace ya varias horas. Son las nueve de la mañana del viernes y la guinda, como se le llama a la pelota de rugby, pasa por sus manos secas y frías. No llegan a completar dos equipos ni tienen el típico aspecto físico de quien practica este deporte, pero están concentrados y dispuestos a ganarle al frío.

En Río Grande, Tierra del Fuego, sólo hay un penal, que no posee más de 120 reclusos de los cuales alrededor de 20 forman parte de Los Vikingos, el equipo de rugby. En el fin del mundo las temperaturas son bajas, pero han aprendido a taclear con 13 grados bajo cero, intentando no patinar en el piso escarchado. En invierno los días arrancan después de las nueve de la mañana, pero ni la oscuridad, ni la neblina, ni el agua-nieve les han impedido entrenar.

Enzo y Ezequiel los entrenan dos veces por semana, sin una H a la cual patear ni ingoals de cal, pero con sus camperas bien cerradas y conos donados por un interno, intentan enseñarles la práctica del deporte. Al hablar de Los Vikingos, Enzo sonríe como un padre al ver a sus hijos caminar: "Yo soy un producto del rugby social, muchos de los que están detenidos acá son de mi barrio. Yo arranqué a jugar a los 12 años y en vez de estar haciendo macanas me dediqué al rugby. Es un poco devolverle a este deporte todo lo que me dio. Gracias a él y a los entrenadores que tuve hoy soy la persona que soy".

Los jugadores comienzan a trotar sin que nadie se los ordene mientras los lesionados preparan el mate, el único héroe en este frío. Uno de ellos se acerca al entrenador y le muestra un dibujo: el escudo del equipo está listo. Algunos taclean y los de afuera se convierten en la hinchada junto a los miembros del Servicio Penitenciario que miran con orgullo los avances de estos nuevos jugadores. Entre ellos comentan como han crecido y mejorado entre recuerdos de los primeros entrenamientos y especulan con la llegada del calor primaveral, porque están seguros de que con temperaturas más cálidas habrá más interesados en ir a jugar.

En el penal las actividades varían: hay una pequeña granja para cultivar, un taller mecánico, una maderera y la cocina está siempre activa. Allí los cocineros privados de su libertad ofrecerán un pan para degustar, el cual realmente vale la pena probar. También hay una pequeña cancha de fútbol, otro espacio para jugar a la libertad. Es ahí donde se realizan distintos partidos, a veces entre internos y otras con invitados de la calle.

El Jefe del Penal, Ariel Ciares, es un hombre sencillo al cual se lo puede encontrar siempre bien acompañado de su mate. Al hablar de este nuevo proyecto deportivo se lo nota entusiasmado, destaca la disciplina que genera y alienta a los internos a practicarlo. "Me pidieron que les dejáramos pasar una pelota a la noche para que jueguen. Antes pasaban pelotas de fútbol, pero rompían los focos, hacían desastre, ahora con la de rugby se comportan", asegura Ciares.

Este equipo tiene un capitán firme y seguro. Un referente que intenta inculcar valores. No tendrá las habilidades deportivas de Agustín Creevy, pero sus vivencias lo han convertido en un hombre fuerte que apoya a sus compañeros. Tres meses atrás no jugaba al rugby ni le interesaba ver partidos, hoy lo disfruta y admira los valores que transmite este deporte. “Si uno cometió un error ya lo está pagando acá, la gente tal vez no lo ve y piensa que el preso no se merece nada. Así nunca vamos a lograr una reinserción. El rugby te da ese concepto de caerte y levantarte, de ir siempre para adelante", sostiene Javier.

En la última provincia del país, esa que está más cerca de La Antártida que del Caribe, donde salir a correr implica someterse a un aire helado, ahí hay un grupo de presos que juega al rugby para cambiar su vida. Los Vikingos son una prueba de aquello que una vez dijo Eduardo Galeano: “Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”. Y así anotan cada try, peleando contra los estigmas de la sociedad, evitando ser tumbados por los fuertes vientos y soñando con la libertad.

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